Xavi, del sueño a la pesadilla | Fútbol | Deportes

Desde que se marchó a Qatar, primero para estirar su carrera como jugador y después para comenzar su periplo como entrenador, Xavi Hernández fantaseaba con regresar al Barcelona. Creía que el banquillo del Camp Nou estaba hecho a su medida. Para eso se había preparado, eso también le hacían creer los que lo escuchaban hablar de fútbol. El sueño, sin embargo, resultó una pesadilla. Al menos, el final. Ya más tranquilo y tras describir en reiteradas ocasiones su trabajo como “cruel”, el técnico azulgrana dio más detalles sobre la decisión de dejar el Barça. “No es la presión. Es que no se me valora de forma general”, comenzó su alegato, en la previa frente a Osasuna (19.00 horas, DAZN); “esto genera un desgaste, y más en tu casa”.

En su primera temporada, Xavi tomó las riendas del Barça con el equipo en la novena posición y lo hizo escalar hasta el segundo puesto. “El año pasado, le ganamos la Liga a un Madrid que tenía un equipazo y venía de ganar la Champions”, recuerdan desde el cuerpo técnico. Sin embargo, en el Barça cualquier presente borra el pasado más reciente, independientemente de su grandeza. Y Xavi no lo entiende. “Cuando digo que estamos en construcción, me matáis. Cuando digo que no tenemos el Barça de 2010, también hay críticas. Haga lo que haga, hay críticas. No me compran nada. Ni ganando la Liga a 14 puntos del Madrid, ni ganando la Supercopa, ni con la camada de jugadores de ahora. Es un tema de entorno, de club, de exigencia y de mi persona… Y de ahí mi sensación de irme”, describió.

Y, acto seguido, insistió: “Es que creo que nunca se valorará nuestro trabajo”, insistió. Dejar la autoestima exclusivamente en manos propias es peligroso, pero dejarlo en la de los demás lo es aún más. Xavi estaba acostumbrado a controlar el entorno azulgrana como jugador, no lo supo (o pudo) hacer como técnico. “Para aguantar en este club hay que aislarse”, reflexiona un empleado del Barcelona, que remarca: “Y que te resbale todo”.

Lo cierto es que nadie encuentra la fórmula para conducir el banquillo del Barcelona. “¿Qué consejo le darías a tu sucesor para que no le pase lo mismo que a ti?”, le preguntaron al todavía técnico azulgrana. “Es que le va a pasar lo mismo. Mi consejo es que trate de disfrutar”, resolvió. Xavi saltó al primer equipo con un tipo habitualmente enojado con la prensa como Louis Van Gaal. “Hay dos Barças, el de la calle y el de la prensa. Yo me quedo con el de la calle”, arremetía el neerlandés contra los medios. El preparador catalán creció como futbolista con el impasible y cero polémico Frank Rijkaard, su fútbol tocó techo con Pep Guardiola y se apagó con Luis Enrique.

“Pep, como Johan [Cruyff], controlaba bien lo de fuera”, comenta un viejo empleado. “Pero a Guardiola se le quemaba dentro”, añade en relación con la frase de despedida del Barcelona del actual técnico del City; “me voy porque el tiempo lo desgasta todo”.

“Ya me lo dijo Pep y también Valverde. Vi sufrir a Luis Enrique… Tenemos un problema en cuanto a la exigencia. No se disfruta, te juegas la vida en cada momento”, expuso Xavi. En los últimos dos meses, el técnico sufrió tres ultimátum, “semanas claves”, según describían desde la cúpula del club. La primera, cuando tenía que ganarse el lugar en los octavos de la Champions y posteriormente recibía al Atlético y al Girona. El Barça pasó el examen, pero la derrota ante el cuadro de Míchel hizo pupa. La segunda fue la de la Supercopa. Salió castigado. La tercera, no la superó. Tras la caída ante el Athletic (Copa) y la goleada frente al Villarreal, Xavi dijo basta. “Lo entiendo completamente”, suscribió Guardiola las palabras de Xavi; “la presión en Barcelona no es comparable con ningún otro club”. Desde que el técnico de Santpedor dejó el Camp Nou, por el banquillo azulgrana pasaron: Vilanova (2012-2013), Martino (2013-2014), Luis Enrique (2014-2017), Valverde (2017-2020), Setién (2020), Koeman (2020-2021) y Xavi (2021-2024). Siete en 12 años.

A Xavi, al menos, le queda el consuelo del calor de la plantilla. “Sabía que había unidad, pero me han sorprendido las llamadas, los mensajes, las palabras, los que vinieran a hablar… Me importa la calidad humana. Me han hecho emocionar”, expuso Xavi. Lewandowski, uno de los más rebeldes y solitarios, se volcó con el cuerpo técnico y el vestuario. El domingo, el polaco se mostró muy cariñoso con el entrenador y el lunes organizó una comida en su casa para toda la plantilla. “La respuesta ha sido espectacular”, subrayó el preparador azulgrana.

Xavi todavía no se ha despedido y ya piensa en volver, esperanzado con que el paso del tiempo cure las heridas, preso quizá de un sueño convertido en pesadilla: “No descarto volver. Ya lo he dicho muchas veces: soy un hombre de club y el club me tendrá a disposición para lo que me necesite. Pero ahora no me necesita”.

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